Me encanta escribir y dibujar y quiero compartirlo contigo

Me sirve como terapia, y lo recomiendo como ejercicio de autoconocimiento, lo practicaremos 😉

La estrella de Cristina

A veces ocurre que en la vida no sabemos amar bien y eso pasa porque no nos queremos. No se trata de egoísmo sino de amor propio. Cuando uno no se trabaja, no se atiende, no se escucha, no sabe cómo satisfacerse… Entonces buscamos en el otro (y esto es lo verdaderamente insano) que realice todo ese trabajo por nosotros. Y esto no es amor, es otra cosa. Desde esta posición es imposible amar bien al otro. Ese fraude cometido en el nombre del amor, que maquillamos con romanticismo y champagne, tiene fecha de caducidad o, en el peor de los casos, se cronifica en el tiempo muerto y maloliente a un olfato que nada huele y un corazón que no late de verdad. ¿Qué inventas en el otro? ¿Qué beneficio se lleva la mentira? Atención aquí porque este sentimiento que “mueve montañas” también nos puede hacer creer que “un cielo en un infierno cabe” y arruinarnos la existencia.

En obras maestras del cine como “Bailar en la oscuridad” o “La vida es bella” los protagonistas viven la más cruda de las realidades, injusticias y holocaustos, lo peor no está por llegar sino les está pasando. Sobreviven con la fantasía para no morir de realidad. Gracias a esta capacidad de poder evadirse de su historia, como si de un metaverso se tratara, crean una realidad paralela en la que todo es diferente, donde allí no solo se puede respirar sino, además, se disfruta y se puede ser quien tú quieras. Pues bien, mi cuento nació un poco así, nada comparable a lo mencionado pero con algún punto en común. En pleno confinamiento de marzo del 2020, encerrada en una habitación como Winston Smith en “1.984”, sumergida en una aparente comodidad pero, en realidad, en medio de una tormenta existencial, al lado de una especie de “orma” muerto ya de años, justo entonces se me reactivó el olfato y desperté ¡Cuánto tiempo he estado durmiendo! Sin poder escapar de ahí, porque ni se podía ni tampoco era el momento, recurrí a mis adentros y encontré allí mismo, en mi fantasía, la medicina para recuperar el tiempo perdido y darme otra oportunidad.

Si quieren amar bien, ámense primero y trabajen muy bien sus faltas, entonces toda esperanza será poca. Si el destino lo quiere, cruzará en su camino una buena compañía de viaje pero no para envejecer juntos sino para no dejar de ser niños. En ese caso, la fortuna les sonríe porque habrán encontrado el amor o lo más parecido a eso. De no ser así y el destino caprichoso decide que se centre todo en ustedes, disfruten del viaje porque no hay mejor compañía que la de uno mismo y si, además, es en buena compañía, seguramente sepa mejor. Todo depende del gusto y de las preferencias de cada uno. Elijan bien que esto del vivir algún día se nos acaba y no hay vuelta a empezar.

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